Demagun Hitler ez zela Berlinen hil 1945ean. Demagun ez zuela gerra galdu eta Europa osoaz jabetu zela, Britainia Handia barne. Demagun itsasoz doala Manhattanen jabe egitera. Itsasontziko sotoan preso, Charles Chaplin komediantea. Demagun, 1886an, ... Leer más
José Antonio Aguirre fue el político vasco más popular, respetado e influyente del siglo XX, y, a la vez, uno de los grandes estadistas de la democracia española. “Ese nombre, ese prestigio y esa autoridad no nos pertenecen ya por entero a ... Leer más
La mirada infantil posee el irresistible atractivo de lo primario, de lo elemental. Tal vez sea ésa la razón por la que tan a menudo nos cautiva con su candorosa lucidez.
Cuando la realidad que eclosiona ante esa mirada es un hecho de las trágicas magnitudes de la Guerra Civil española, esa lucidez infantil –a veces paradójica, a veces descarnada, a veces piadosa– nos coloca certeramente ante nuestra propia realidad como seres humanos, ciudadanos y pueblos.
En este relato memorialístico escrito a vuelapluma sobre el papel pautado de sus recuerdos infantiles, Jaime Rodríguez Salís sigue la estela trazada por su madre, Dolores Salís, en su portentoso libro de memorias Exilios (1936-1945) (2002, Alberdania). Ante los ojos del lector desfilarán, en unas ocasiones con minucioso detalle y en otras en elegantes trazos de esbozo pictórico, hechos, paisajes y personas que la sinrazón de una sublevación fascista contra la naciente República se afanó en teñir de odio, sangre y dolor.
Ocurrió en Sara, un pequeño pueblo de la frontera, durante la Revolución francesa. En medio del caos y de la incertidumbre, de la guerra entre Francia y España, del exilio obligado de sacerdotes y contrarrevolucionarios, Joantto Ithurbide, nieto bastardo de Gehexan de Jaurenea, hidalgo de Sara, a quien su abuelo rechazó tras su nacimiento, busca sus raíces y, también, la venganza. Junto a él, la joven Mari Harotsenne encuentra el amor y la desesperanza. Personajes, como Jean-Martin Monduteguy, procurador de la República, que desterró a sus paisanos lejos de su tierra, Gartzia, antiguo pastor, convertido en contrabandista, y otros cuyas existencias son reales o ficticias, conforman el retablo de una época histórica y dura que cambió la vida de sus protagonistas.
Hogeita hamazazpi urte betetzera zihoan andrea zen, bizitzaren azken mutturra kartzelako hormen artean pasatakoa. Taxitik jaitsi eta, larruzko maletari bi eskuekin helduz, Barcelonako tren geltokiaren ate automatiko bati begira gelditu zen, hain zuzen ere kristalezko superfizie hartan bere gorputz osoaren irudia azaltzen zelako. Bai, hantxe zeuden bere belaun-izterrak, bere panty beltzak; hantxe zeuden bere antezko txaketa Sidaren laxo gorriarekin eta bere buru ile motx-motxekoa. -Ez nago hain gaizki. Belaun politak dauzkat oraindik -pentsatu zuen. Bere gorputza osorik ikusteak deitu egiten zion. Kartzelako ispiluek ez zuten 40 zentimetrotik gorako luzerarik izaten".