Este libro es el resultado de la lectura recurrente, entusiástica y arbitraria de las obras de un escritor que, a cuarenta años de su muerte, se deja leer con una frescura rara y que encuentra, mucho mejor que ningún otro de su tiempo, lectores ... Gehiago irakurri
Iñigo Lamarca es homosexual, y este libro no sólo se limita a dar testimonio de ello, sino que constituye una reivindicación del derecho a vivir con total normalidad su condición. El libro comienza con sus recuerdos de infancia: es decir, es una ... Gehiago irakurri
La mirada infantil posee el irresistible atractivo de lo primario, de lo elemental. Tal vez sea ésa la razón por la que tan a menudo nos cautiva con su candorosa lucidez.
Cuando la realidad que eclosiona ante esa mirada es un hecho de las trágicas magnitudes de la Guerra Civil española, esa lucidez infantil –a veces paradójica, a veces descarnada, a veces piadosa– nos coloca certeramente ante nuestra propia realidad como seres humanos, ciudadanos y pueblos.
En este relato memorialístico escrito a vuelapluma sobre el papel pautado de sus recuerdos infantiles, Jaime Rodríguez Salís sigue la estela trazada por su madre, Dolores Salís, en su portentoso libro de memorias Exilios (1936-1945) (2002, Alberdania). Ante los ojos del lector desfilarán, en unas ocasiones con minucioso detalle y en otras en elegantes trazos de esbozo pictórico, hechos, paisajes y personas que la sinrazón de una sublevación fascista contra la naciente República se afanó en teñir de odio, sangre y dolor.
José María Olabarria Iturbe es el último de una saga de pastores que durante siglos ha llevado a cabo el pastoreo en las campas de Itxina, siguiendo una tradición milenaria que se remonta desde el Neolítico. Pero muy pronto, cuando él se vaya, Itxina, -un mágico paisaje kárstico semicircular que se encuentra en el macizo montañoso del Gorbea- habrá perdido una parte muy importante de su identidad cultural.
Esta novela gráfica al mismo tiempo que da a conocer cómo ha vivido, y aún vive su profesión, pretende rendir un sencillo homenaje al último pastor de Itxina que no ha podido entregar el testigo de su milenaria profesión.
«La vejez es enojosa, pero no hay que asustarse. Además, no podemos optar. Ahora tengo que darme prisa, ya que, con esta serenidad forzosamente adquirida, parece que lo pasado, lo lejano, se ve con mayor claridad. Pero no penséis que voy a aburriros recordando la infancia y la juventud de una vida vulgar y feliz como fue la mía. Quiero escribir acerca de una época de mi vida en la que la explosión de la Guerra Civil española primero, y de la Mundial después, desequilibró nuestro continente». Así nos presenta Dolores Salís este impresionante bajorrelieve de la vida en los tiempos de la ira. Poseedora de una extraordinaria agudeza observadora, nos habla, en estas páginas, con verdad, ternura y pasión, de una época que debe, sin duda, ser rescatada para la memoria colectiva.
No he escrito estas memorias por suponer que lo que tenga que contar acerca de mí mismo sea de gran importancia para el Universo Mundo, sino porque estoy convencido de que todos somos narradores, y pienso que todos deberíamos dejar constancia de nuestro paso por esta vida.
En mi caso, sospecho que en este libro importan varias cosas: el recuerdo de una infancia vivida en armonía con mi entorno; la destrucción de aquella armonía y el descentramiento producidos por el exilio consecuencia de la Guerra Civil; la relación entre ese exilio y el de tantos de los miles de españoles desterrados, particularmente en México; el trotamundismo que me caracterizó durante muchos años. En última instancia, tal vez lo que está aquí en juego sea la cuestión de “la identidad”, asunto hoy tan traído y llevado por quienes teorizan sobre exilios y emigraciones.
Por todo ello me importa que lo escrito aquí se publique precisamente a la vuelta de la esquina de la calle en que nací.